Biblioteca - Kangyur - Sutra

El Chandra Sutra
¡Me postro ante las Tres Joyas!
Así he oído.
El Bienaventurado residía en la ciudad de Champa, a orillas del estanque Cankramana. En aquel entonces, Rahu, el señor de los asuras, oscureció por completo todo el disco lunar con su resplandor.
Entonces, la deidad que habitaba en el disco lunar, llena de miedo y temblor y presa del abatimiento, se dirigió adonde estaba el Bienaventurado. Al llegar, inclinó la cabeza a los pies del Bienaventurado y se sentó a un lado. Una vez sentada a un lado, la deidad se dirigió al Bienaventurado con versos de súplica:
¡Buda total y absolutamente liberado, heroico *Vira*! ¡Ante ti me postro!
¡Ante el peligro, te pido que me concedas refugio! ¡Arhat, Sugata, Venerado del Mundo! ¡Luna busca refugio en ti! ¡Oh Buda —y todos aquellos que aman el cosmos con todo su corazón—, librad a Luna de Rahu!
El Bienaventurado dijo:
¡Oh Rahu! ¡La Luna disipa la oscuridad! ¡Ilumina el firmamento con su resplandor! ¡Permanece en la claridad, la blancura y la pureza perfecta! ¡No la retengas en el vacío! ¡Libera este faro para los seres vivos de inmediato!
Entonces Rahu, con gran premura —sudoroso, presa del miedo y totalmente exhausto, como un enfermo—, soltó el disco lunar. El gran hijo de Vairochana vio entonces a Rahu, el señor de los asuras, soltar el disco lunar con aún mayor prisa. Al presenciar esto, se dirigió de inmediato a Rahu con estos versos:
¿Por qué, Rahu —cubierto de sudor y presa del miedo, como un enfermo en estado de agotamiento— sueltas la Luna con tanta premura?
[La respuesta fue:]
¡Pues el Buda proclamó este verso! Si no hubiera liberado a la Luna, mi cabeza se habría partido en siete pedazos y, aun de haber sobrevivido, ¡no habría conocido la felicidad!
El gran hijo de Vairocana dijo:
¡Oh, cuán maravillosa es la aparición de los Budas que contemplan la Verdad! ¡Apenas pronuncian estos versos, Rahu libera a la Luna sin demora!
Aquí concluye el Chandra Sutra.
Traducido por Lama Dondrub Dorje Tulku.
